Monzó, Quim

Este Barcelonés nacido en 1952 dá y dará mucho que hablar, es decir, se le cita, se le conoce de oídas, se le entrevista por televisión, no muchos saben quién es y anda de allá para acá como si estuviera enfadado, con cara de pocos amigos. Pero nada más lejos de la realidad. Se trata de un tipo simpaticote que "no se casa con nadie", que escribe en catalán traducido al castellano y además es columnista, diseñador gráfico, dibujante de comics, letrista de canciones, guionista de radio y TV y, por si poco fuera, también es traductor.
Cuando escribe, no trabaja exactamente ni con datos biográficos, ni generacionales, ni sociológicos, ni urbanos, ni rurales: trabaja básicamente con el lenguaje, con las ficciones, las ilusiones y las imágenes compartidas por los lectores, lo que viene a suponer ficción sobre la ficción. Tras una larga estancia en Nueva York escribió sobre el vacío y el sinsentido, sobre esas mentiras de la vida que, a base de oírselas a otros muchos repetir, uno se acaba creyendo y que no sirven para nada; de cómo a base de esas farsas unos se terminan comiéndose a otros considerando el "comensal saciado" haber triunfado.
En 1000 cretinos, nos adentra en una serie de relatos tratados con el gran sentido del humor y la ternura de Monzó al mismo tiempo que de sus personajes deja a la intemperie sus miserias y, sí, nos hace reír pero, como siempre, nos puede hacer llorar y meditar, como si nada, en esta p. vida; en El porqué de las cosas (Un total de 30 relatos, que se extienden de media entre las dos y las tres páginas en las que abunda el sexo femenino), se recrea en la ridiculización de la realidad con el firme objetivo de extraer de su rutina las situaciones más banales que se bañan en el discurso aceptado de su verdadera realidad, obviamente más pesimista y angustiosa, y así Monzó logra como nadie deformar esa realidad que nos rodea para obsequiar al lector con un humor inteligente que a veces roza la lucidez consiguiendo básicamente que lo simple se convierta en profundo, consciente de que las paradojas cotidianas de la vida son con frecuencia caminos pedregosos que sus protagonistas deben de atravesar sin remedio.
Lo hace a posta para que nos quedemos con ganas de más. Sus libros son delgados, de cocción lenta, escasos, quedándonos enganchados a su intensidad, a su maestría.
Ah, y aunque sus cuentos e historias también han sido y son llevadas al cine, Quim se considera sobre todas las otras cosas, escritor.
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