Kafka, Franz

"El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal" (Sic.del autor)

En 1917 al padecer los primeros síntomas de tuberculosis, que sería la causante de su muerte, se vio obligado a abandonar su proyecto de huída del seno familiar pero, aún así, a pesar de la enfermedad, de la hostilidad manifiesta de su familia hacia su vocación literaria, de sus cinco tentativas matrimoniales frustradas (Las mujeres ocuparon un lugar fundamental en su vida así como su propia incapacidad de llegar a "cuajar" en cualquier relación formal con ellas y, que nos conste, fueron tres de ellas decisivas en su más seria tentativa de conseguirlo: Felice Bauer, Milena Jesenská y Dora Dymant) y de su empleo de burócrata en una compañía de seguros, Franz Kafka se dedicó intensamente a la literatura.
Como su salud no le permitiera seguir adelante con su forzada vida habitual, tres alis después (1920) debió abandonarlo todo para ingresar en un sanatorio para después establecerse en una casa de campo en la que escribió varias de sus más relevantes obras conociendo después a Milena Jesenska-Pollak , una escritora checa, casada, que vivía en Praga, con la que mantuvo un breve romance y una abundante correspondencia, no publicada hasta 1952. El último año de su vida (1024) encontró en otra mujer, Dora Dymant, el gran amor que había anhelado siempre, y que le devolvió brevemente la esperanza, relación de la que sólo F.K. nos podría poner al tanto si algún día aparecen las 35 cartas que le escribió y que la Gestapo confiscó en bruto en 1933. Habrá entonces unas «Cartas a Dora» y todo estará como debe estar.
Al margen de otras consideraciones, hay traiciones que la historia está obligada a agradecer. Así ocurre con la obra literaria de Franz Kafka, uno de los mayores genios literarios de todos los tiempos. El maestro del relato y escritor que con más originalidad y profundidad ha plasmado las absurdas leyes del mundo moderno, apenas y raramente publicó en vida, y le encargó al escritor austriaco Max Brod, su gran amigo y biógrafo, que destruyera todos sus manuscritos inéditos a su muerte pero Brod no sólo contravino su voluntad sino que se convirtió en el editor de toda su obra.
Y así, el lector puede gozar del conjunto de los escritos más insólito e inquietante del siglo XX. Entre los inéditos estaban sus tres novelas, “El proceso”, “El castillo” y “América” que abren el camino a la literatura contemporánea más renovadora. “La carta al padre”, “Los diarios” y un extenso epistolario ayudan a internarse en la compleja y atormentada personalidad del escritor. Y los relatos completos conforman un universo que anticipa todos los horrores del siglo XX, aunque no estén exentos de una fina ironía que los vuelve aún más estremecedores. `La más indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables para el es humano`, se dice de él y vive diós que está la cosa en plena vigendia y es verdad.

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