Lovecraft, H.P

Quien lea las obras de Lovecraft no se imaginará jamás qué clase de persona era el maestro del terror del siglo XX, en el que se ha inspirado la mayoría de escritores posteriores y la mayoría de directores de cine recientes. Pocas son las películas de ese género que no le deban algo. Como el que fuera su maestro, E. A. Poe, Lovecraft no trataba de describir sensaciones, sino de crearlas en lo más profundo de nuestro corazón, para que no olvidáramos nunca que no somos nada frente a la grandeza del Universo.
Su padre tuvo que ser internado en un sanatorio mental cuando su hijo tenía dos años tal como el joven Lovecraft tuvo que hacer con su madre, Susie, años después, mujer desequilibrada, posesiva, superprotectora y neurótica a la que dedicó el autor su juventud para, ya en la treintena, pasar a cuidar a dos de sus tías que no contaban más que con él.
Lovecraft tenía la palidez propia de los noctámbulos que rehuyen el Sol, sobre todo creyendo, como creía él, que el color moreno de la piel era propio de plebeyos que trabajaban al aire libre. Medía casi metro ochenta, era de recia constitución, aunque tenía los hombros caídos y se obstinaba en la delgadez. Las piernas muy largas, el rostro huesudo, alargado, de pronunciada mandíbula –su rasgo más destacable– y una nariz notable, así como unas manos largas y finas, propias de alguien que no ha trabajado nunca, y frías, otro rasgo de su tipo reptiliano. Siempre iba bien afeitado detestando las barbas y bigotes de otros considerando tal estética de la más alta vulgaridad. Muy conservador en la ropa, llevó los trajes de su padre mientras aguantaron, que a todos parecían anticuados, con un lazo negro que luego substituyó por una corbata negra. Nunca se le hubiera ocurrido salir a la calle en mangas de camisa, aunque con los años y ante la escasez no le importó llevar trajes viejos o arrugados, a ser posible obscuros.
Sabemos que rechazó la religión con sólo seis años, que leyó y escribió siempre y mucho (desde los 4 años sabía hacer ambas cosas a la perfección), que gustó de J.Joyce y otros... pero entre los pensadores que más le influyeron se encontraba Nietzsche y Einstein (judío) lo que no modificó a lo largo de su vida en absuluto su convencido racismo y fidelidad respecto al nazismo; que en la niñez no tuvo amigos y escasos tratos femeninos después, que dormia toda la mañana y que se ganó la vida, en mayor medida peor que mejor, como pudo.
En un escrito titulado "Some notes on a nonentity", escrito en 1933, traducido como Autobiografía y publicado después de su muerte, Lovecraft confesaba:
«Hasta donde puedo recordar claramente, me encantaban las ideas y las historias extrañas, y los escenarios y objetos antiguos. Nada me fascinaba tanto como pensar en alguna curiosa interrupción de las inmutables leyes de la naturaleza, o en alguna intrusión monstruosa en nuestro cotidiano mundo de seres desconocidos procedentes de los ilimitados abismos exteriores.»
Como sucede desde los tiempos del gótico, en la mayoría de relatos de terror los protagonistas son personas extremadamente inconscientes, con una valentía rayana en la locura, porque siempre están dispuestos a internarse en una cavidad subterránea interminable con una linterna o una antorcha que con toda seguridad se apagará a medio camino. Y cuanto más obscuro, profundo y pequeño sea el agujero en la cripta o en las ruinas, mayores garantías tendremos de que reptará por él, atraído por una curiosidad invencible. Lo único que nos permite respirar es la conciencia de que el personaje que se arrastra por una galería llena de monstruos es el que está contando la historia después, es decir, Lovecraft, H.P, él.
-> El autor en Wikipedia
-> Descargar colección completa de libros del autor desde aquí
-> Descargar documental "Lovecraft: el miedo a lo desconocido" desde aquí

Comentarios