Bernhard, Thomas

El autor en Wikipedia.
En Octubre del 2009, cuando sus incondicionales habían perdido la esperanza de conocer algo más sobre el autor, sale a la luz
"MIS PREMIOS" (Alianza literaria)
publicación póstuma de los papeles manuscritos encontrados tras su fallecimiento sobre 9 de los 15 premios que recibió y su pensar y sentir con respecto a ellos (de los que abominó salvo por el dinero que le aportaban) así como sobre las circunstancias que acontecieron en su historia vital a la sazón.
Fragmentos:
“... Al cabo de un rato, la ministra miró a su alrededor y preguntó con voz de arrogancia y estupidez inimitables: Bueno, ¿ dónde está el escritorzuelo? Yo estaba justo al lado de ella, pero no me atreví a darme a conocer”.

Cosas como estas cuenta Thomas Bernhard en “Mis premios”. El autor de "El Origen", "Un niño", "Helada", "El sobrino de Wittgenstein"... logra narrar con su ácida ironía y su humor personal los preliminares - dos horas antes – de la entrega del Premio Grillparzer de la Academia de Ciencias en Viena, ceremonia en la que muy pronto sería él galardonado:
“Mi intención era comprarme, aunque de confección – escribe – el mejor traje de lana pura de color antracita, con unos calcetines a juego, una corbata y una camisa Arrow muy elegante, de rayita gris y azul. Sabida es la dificultad de hacerse comprender en seguida en las, así llamadas, tiendas elegantes, aunque el cliente diga rápidamente y de la forma más precisa lo que quiere, primero lo miran a uno fijamente con incredulidad, hasta que repite lo que desea. Sin embargo, naturalmente, el vendedor interpelado tampoco comprende aún. Por eso, también entonces, en Sir Anthony me hizo falta mucho más tiempo del necesario para ser conducido a las estanterías pertinentes. En realidad, por mis compras de calcetines, conocía ya la disposición de la tienda y sabía mejor que el vendedor dónde encontrar el traje que buscaba. Me dirigí a la estantería del posible traje y señalé uno determinado que el vendedor bajó de la barra para ponérmelo ante los ojos. Examiné la calidad de la tela y me probé el traje en seguida en la cabina. Me incliné unas cuantas veces hacia delante y me eché hacia atrás, y encontré que los pantalones me estaban bien. Me puse la chaqueta, me volví un par de veces ante el espejo, levanté los brazos y los bajé de nuevo: la chaqueta me sentaba igual que los pantalones. Di unos pasos con el traje por la tienda y entre tanto elegí la camisa y los calcetines. Finalmente dije que me quedaría con el traje puesto y que quería ponerme también la camisa y los calcetines. Escogí una corbata, me la anudé, apreté el nudo lo más posible, me miré otra vez en el espejo, pagué y salí”.
Dos horas después tendría lugar la ceremonia en la que al escritor le concedían el Premio.

“Creo que la Filarmónica tocó - cuenta Bernhard – una pieza de Mozart. Luego se pronunciaron conferencias más largas o más breves sobre Grillparzer. Cuando la miré una vez, vi que la señora ministra Firnberg, así se llamaba, se había dormido, lo que tampoco se le había escapado al presidente Hunger, porque la ministra roncaba, aunque muy suavemente, roncaba, roncaba con el suave ronquido de los ministros, conocido en el mundo entero”.

Después, al despertarse la ministra, vendría la gran interrogación buscando en la sala al autor de “Maestros antiguos“:

“Bueno, ¿dónde está el escritorzuelo?”.

- Reseña publicada en EL PAÍS con otra parte de los fragmentos aquí transcritos.
- Descarga de sus libros más importantes y autobriográficos

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