Allan Poe, Edgar

“Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de soledad, mofa de las cosas de este mundo”, dejó escrito Edgar Allan Poe (1809-1849), cuya inadaptada existencia fue en muchos momentos tan estremecedora como los cuentos de terror que escribió. Siempre quiso ser poeta, pero las necesidades económicas le empujaron a dedicarse a la prosa. Su vida fue infeliz por la pobreza y las depresiones, que combatía con láudano y alcohol.

Nació en Boston, hijo de actores de teatro que murieron cuando él era un niño, y fue criado por el hombre de negocios John Allan. Entre los 6 y los 11 años, Edgar y su familia adoptiva vivieron en Inglaterra. Al volver a EE UU, estudió en colegios privados y luego en la Universidad de Virginia, pero no acabó el primer curso; pasaba más tiempo en el bar que en clase, y su padrastro se negó a pagar sus deudas de juego y le retiró la ayuda económica.

A partir de ahí, no paró de dar tumbos. Dejó el trabajo en una oficina y se marchó a Boston. Publicó dos libros de poemas, pero necesitado de dinero, se alistó en el ejército. Aguantó dos años; cuando dejó su cargo en la Academia, su padre adoptivo le repudió definitivamente. En 1831 se fue a vivir a Baltimore con una tía y su sobrina Virginia, de 11 años. Trabajó en un periódico y a los 27 se casó con su sobrina, que entonces tenía 16; sólo 10 años después, ella murió de tuberculosis. Los trabajos precarios, el alcohol y las drogas mermaron la salud de Poe, pero no su creatividad, reflejada en numerosos relatos cortos, una novela y maravillosos poemas, como Annabel Lee. El 3 de octubre de 1849 fue encontrado en pleno desvarío por las calles de Baltimore. Murió cuatro días después, con 40 años.

Edgar Allan Poe es tan original en su forma de concebir y de plasmar sus obras que escapa a todo encasillamiento. El ensayista Paul Dermée lo definió así: "Representa él solo, todo el movimiento romántico —¡y además cuán clásico!— en los Estados Unidos, como un aerolito surrealista caído en el país de la realidad escueta."
Muchos de los grandes escritores (todos ellos poetas tanto en el verso como en la prosa) qué sucedieron a Poe receptaron su flujo espiritual, siendo el más afín —sin lugar a dudas— Charles Baudelaire, quien llegó a exclamar: "La primera vez que abrí un libro de él vi con espanto y arrobamiento no sólo temas por mí soñados... sino frases por mí pensadas y por él escritas veinte años antes."

Como el propio Baudelaire y bastantes artistas de su tiempo, Poe fue consumidor habitual de láudano, una preparación compuesta por opio y otras sustancias como vino blanco, azafrán, clavo y canela. En el siglo XIX se vendía en las boticas como remedio para calmar el dolor, reducir la ansiedad y tratar la diarrea.

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