Freud, Sigmund

"Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos" (Sic.del autor)
Hace algún tiempo, cuando empezamos la andadura de este blog con modestas aspiraciones, alguien ajeno a él apuntó el interés que podría suscitar el conocer algo más sobre la persona de S.Freud más allá de lo que se conocía se fuera freudiano, lacaniano, o no, o no se tuviera el menor interés sobre el psicoanálisis, habida cuenta que no se puede eludir de la historia contemporánea a tan relevante doctor entre los doctores en lo que al conocimiento de la psiquis humana se refiere. Y como a ese “alguien” le siguieron algunos más, hoy traemos aquí a colación aquello que creemos puede sobre tal sobresaliente persona, como persona, interesar.
De sus orígenes, avatares, relaciones familiares, de su sentir y forma de actuar.
De sus comienzos y su forma de estar en el mundo, de su paso por el ejército prusiano, de su persecución en la II guerra mundial en condición de judío, de la quema de sus libros por parte de los nacionalistas alemanes y de su forma de encarar la muerte propia y la de los demás.
Especulando, por especular, se especuló y especula mucho sobre él,
como que, en las sesiones psicoanalíticas con pacientes femeninas (como es sabido eran prácticamente su especialidad), su esposa, escondida y cómodamente sentada tras una cortina escuchaba para después ser ella, inteligente, intuitiva y, cómo no, perteneciente al género femenino, quién a su marido le traducía lo que ellas querían decir, dar a entender y aspectos que bajo sus palabras subyacían, sentían o escondían y de todo ello lo que se podía deducir. E, incluso, que existen fundamentos probados para creer que tal forma de psicoanalizar por parte del padre del psicoanálisis en concomitancia con su mujer, era verdad,
que gustaba recetar cocaína siendo él mismo consumidor, habiendo constancia de al menos una de tales recetas en la galería de fotografías, de dos páginas, que abajo os enlazo,
así como se afirmó y se pudo constatar sin que hasta el momento hayan existido negativas familiares o facultativas al respecto que, al conocer su fatal enfermedad, dejó por escrito la forma de llevar a cabo, en caso de inconsciencia, su final, y como consciente fue hasta tal momento de no vuelta atrás, en 1939, incapaz de soportar el dolor que le producía el cáncer que padecía en la boca pidió a su médico personal, Max Shur, que acabara con su sufrimiento muriendo después de serle suministrada una inyectada sobredosis de morfina.

Fuera o no todo o en parte lo anteriormente dicho, y mucho más, falso o cierto, la verdad es que de S.F. como persona poco sabemos aunque algo más al menos podemos saber si acaso nos interesa conocer mejor a tal señor que por completo movió dando luz al saber y averiguar sobre la vida, secretos y trasfondos de los demás.

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