Handke, Peter

Se pude decir, sin riesgo de equivocarse, que hablar de literatura europea contemporánea sin poner en lugar preferencial como representantes superlativos de su época y el profundo espíritu interior que la caracteriza a los autores de lengua alemana Thomas Bernhard, del que ya en su momento nos ocupamos, Peter Handke, Botho Strauss y Günter Grass sería algo así como, en terminología cristiana, cometer un pecado mortal. Así pués, sin perder comba y aunque el orden no altera el producto, hoy nos ocuparemos del segundo, de Handke, gran viajero, poeta, dramaturgo y novelista prolífico,cuya obra se despliega en una amplia gama de registros que acogen la narración, el drama, la poesía, el dietario, el reportaje y el cine, en una hábil combinación de autorreflexión creativa cuyos personajes, desarraigados y existencialmente disponibles, son víctimas de su tiempo dentro y fuera de la sociedad e inmersos en dilemas existenciales propios de la misma, esa llamada “de la abundancia” y que más de una vez ha compartido planteamientos y preocupaciones con su amigo Wim Wenders, director de cine de culto y creador de los Road Movies, con el que ha colaborado y llevado a la gran pantalla guiones de películas alcanzando, entre ellas, su punto más alto con “El Cielo sobre Berlín” en 1987.

Dos fechas marcan el discurrir de la vida del escritor en el que se rompe su hilo conductor con la escritura. En 1971, siete semanas después del suicidio de su madre con una sobredosis de somníferos, Peter Handke enfrenta el duelo. Tiene treinta y dos años. Ha ganado fama, como su admirado Thomas Bernhard, de escritor polémico que escribe contra la corriente, las prosas estandarizadas y las ideas tranquilizadoras, se baja del carro declarando: “mi vocación y veneración por la literatura se fue al carajo" y frente a la ausencia y el duelo, el escritor se plantea, tarea ardua, no hacer más literatura anotando “No obstante, quisiera, siento la necesidad, de ponerme a escribir sobre ella, que en el entierro fue tan fuerte antes de que se convierta de nuevo en embotamiento, aquel quedarse sin habla con que reaccioné a la noticia de su suicidio” imponiéndose severamente alejar la compasión hacia el ser perdido y hacia sí mismo pues, al fin y al cabo, "cualquier suicidio siempre es un enigma y no existen ni pueden existir palabras que sobre las razones y el dolor puedan resultar dichas o comprendidas tratándose de algo que tiene que ver realmente con lo que no tiene nombre, con segundos, minutos, horas de espanto para los que no hay lenguaje. El horror es algo que pertenece a las leyes de la Naturaleza: el horror vacuo de la conciencia. La representación, sin piedad, se está formando en estos momentos y de repente advierte uno que no hay nada que representar. Entonces esta representación se cae como un personaje de dibujos animados que se da cuenta que lleva mucho tiempo andando por los aires”.
De tal sustancial experiencia, por fin, escribe su libro: “Desgracia impeorable” que bien puede leerse como una novela.
La segunda, en 1990, cuando estalla la guerra de Los Balcanes en la que, sin considerarse escritor político en absoluto, jamás lo fue, dolorido por lo que acontecía, se hace físicamente presente así como, posteriormente, ante el tribunal de la Haya, firmando manifiestos en los que denuncia la información unilateral sobre las guerras en general y, en tal histórico momento, sobre la de Yugoeslavia en particular, y su lamento por la destrucción de los estados a causa de intereses estratégicos internacionales. Tal actitud, en vez de granjearle respeto, lo han convertido en “persona non grata” en no pocas editoriales de ámbito internacional, especialmente las de lengua alemana .
Desde entonces, las reivindicaciones del escritor austriaco reclamando un periodismo ponderado y ecuánime y de un trato justo para todas las partes en constante y única búsqueda y fidelidad a la verdad, se le ha venido considerando un “autor silenciado o a silencial”, pero más allá de que se quiera silenciar a Handke, da la impresión de que ha ido silenciándose voluntariamente él mismo sacudido y agotado por evidencias que le han apartado de la literatura y del mundo, cada vez más refractarios a desviarse de las políticas al uso y de las exigencias que imponen los poderes de la comunicación, revisadas y ampliadas año tras año, porque la causa de Handke no era Los Balcanes o esta, aquella u otra cualquier guerra, si no que, en su declaración suprema de principios, proclama comprobar y reconocer “el veneno de las palabras” e impugna la perversa alianza del periodismo y de las bombas, consumada en nombre de la Humanidad colocando a la intemperie, a viva voz, sus dudas, tribulaciones y cuestionamientos al respecto y, a resultas, a modo de despedida declaró en una escueta entrevista publicada en la revista alemana Cicero (2008):"Tras casi 40 años de desempeñar este maravilloso oficio, a veces pienso: has bosquejado, suavemente o con energía, todo lo que tenías que bosquejar en tu vida. Ahora es tiempo de terminar".
Quienes sospechen de expresiones como la de "guerra humanitaria", empleada con frecuencia a propósito de destacamentos militares, guerras preventivas o declaradas; quienes recelen del maniqueísmo empleado por la prensa para relatar un conflicto cuya evidente complejidad –razas, nacionalidades y religiones secularmente mezcladas-, quienes se pregunten sobre la legitimidad de cualquier tribunal constituido y financiado por organismos estrechamente vinculado a los países implicados en la misma guerra o conflictos cuyas faltas o crímenes se juzguen, tienen una cita pendiente con Handke. No falten a ella...
pero para conocerle en sus escritos personales, hoy os traemos tres libritos en los que asoma la oreja y nos parece decir: “Eh!!!, que yo soy éste y respiro así”.

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