Mann, Thomas

Premio Nobel literatura 1929
Sin duda alguna nos encontramos ante un peso pesado de la literatura, alemana en concreto, cuya obra supone un puntal funamental para esta vieja Europa que todo lo ha pasado ya varias veces, vivido hasta la saciedad y vuelta a empezar en eso que se entiende como "civilización occidental".
Davos, por ejemplo, antes de convertirse en el lugar donde la flor y nata polícito-económica europea considera un punto de referencia y reunión, ya era universalmente conocida gracias a la pluma de Mann por "La montaña mágica", de la misma manera que otros lugares de actualidad fueron expuestos en "Los Buddenbrook", que fue su primera publicación y supuso su inmediata consagración literaria.
Hoy se le considera el más universal exponente de las letras germanas del siglo XX. Un escritor venerado que, sin embargo, tuvo una relación "difícil" con sus colegas germanos y su país durante largo tiempo. La llegada al poder de los nazis, en 1933, lo sorprendió dando una serie de conferencias en Amsterdam, Bruselas y París. Sus hijos lo convencieron de no regresar a Alemania. Tras pasar un período en Suiza, emigró a Estados Unidos, donde permaneció durante la II Guerra Mundial.
Thomas Mann no se mantuvo al margen de los dramáticos acontecimientos desencadenados por Hitler en Europa. Tomó postura con toda claridad contra el régimen nazi y la barbarie resultante. Al término de la guerra, algunos de sus colegas que habían permanecido en Alemania y se consideraban representantes del "exilio interno", lo instaron a regresar. Pero el autor de La Montaña Mágica rechazó vincularse al ámbito literario alemán de aquellos años, llegando a decir que, para él, los libros publicados en el país durante la época de Hitler tenían un dejo a sangre. La omisión era para él un pecado equivalente a la complicidad. El más famoso de los exiliados alemanes desató así una agria polémica, en la que se volcaron también los resentimientos de aquellos que tuvieron que sufrir la guerra en carne propia y restaban autoridad a quienes se pusieron a salvo.
No obstante, además y por si poco fuera, una vez conocida la obra de T.Mann, uno no se puede sustraer a la curiosidad que despierta su propio origen y vida, así como ciertas peculiaridades que nos pueden acercar a comprender un poco mejor las razones y puntos que, tal vez, hicieron a su pluma reflejar lo que nos expone y la sociedad que, nítida y pormenorizadamente detalla, su clima y la esencia de sus personajes.
Hijo de comerciantes burgueses y hermano del filósofo Heinrich Mann, erotómano consumado al que hubo de mantener económicamente de por vida, cuya segunda mujer se suicidó después de caer en el alcoholismo y sufrir el rechazo y las humillaciones constantes por parte de Thomas y su mujer, Katia, judía acaudalada y discreta con la que se casó, nos coloca tras el rastro de una familia pródiga en relaciones conflictivas y en complejos procesos psicológicos que a menudo llevaron a los implicados al suicidio.
De los seis hijos de Thomas Mann, dos -Michael y Klaus, este último homosexual y autor de la novela Mephisto- pusieron fin a sus vidas recurriendo a sobredosis de medicamentos. Dos de las hermanas de los dos escritores también se suicidaron.
El nieto preferido de Thomas Mann, Frido Mann, cuenta en sus memorias cómo él también estuvo a punto de suicidarse en medio de una crisis personal, pero a última hora desistió y entró en una fase de interés por la religión que le llevó a convertirse a la Iglesia Católica, que abandonó hace poco como protesta por el caso del obispo negacionista del Holocausto Richard Williamson.
Esa "pulsión tanática" de la familia, como la llamó Thomas Mann en uno de sus diarios tras el suicidio de su hijo Klaus, estaba sin duda relacionada con una compleja confrontación con la propia sexualidad.
La tendencia homosexual de Thomas Mann -que ha quedado reflejada en muchas de sus obras entre las que se destaca "Muerte en Venecia"- y el esfuerzo que éste hizo durante toda su vida por reprimirla ha sido tema de innumerables trabajos, estudios y tesis doctorales.
Sin embargo, en "José y sus hermanos" Mann escogió un tema recurrente común a la cultura occidental, un relato fundacional cuyo origen se pierde en la historia y, además, suficientemente conocido por todos. Resulta quizás chocante en principio esta elección, pero la forma en que Mann la desarrolla, yendo de lo tradicional a lo universal, con una exhaustiva y minuciosa puesta en escena tanto histórica como religiosa, hacen que el resultado sea aún más chocante: Una inesperada novela moderna.
Así pués y como es bien sabido, en literatura lo principal es la obra, extremadamente prolífica en el caso de Thomas Mann, quien durante 60 años de actividad llegó a escribir cerca de 100.000 páginas, el mundo del siglo XXI, ajeno a ciertos tabúes, ya puede mirar a uno de sus autores más reconocidos con los ojos despejados del polvo de la guerra, los prejuicios morales, políticos y sociales, y adentrarse en lo que nos legó.
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